viernes, 5 de julio de 2013

Me indigno luego pienso

En el fondo me encanta ser como soy. No digo que sea perfecta, ni de lejos, pero estoy contenta con la personalidad que he desarrollado a lo largo de los años, con las ideas que he ido asumiendo como propias, con las vueltas que le doy a la lavadora un día sí y otro también, con esa indignación supina que ahora sé que no me abandonará jamás. Alhamdulillah. Sí, gracias a Dios. Porque ése es el motor que me lleva a seguir adelante, a intentar mejorar cada día, a luchar por lo que quiero hasta el último aliento, a ser una eterna inconformista y una eterna estudiante de cualquier cosa que llame mi atención. Con esa particular forma de ser, como de morder hielo; con esa ácida locuacidad que me caracteriza; con esa absoluta falta de peloteo y esa sinceridad, casi brutal, en mis afectos y en mis desafectos; creo que he llegado bastante lejos, al menos hasta donde me he ido planteando de momento, que no es poco, aunque tampoco es, ni de broma, la parada definitiva. Sin embargo, gracias a este pertinaz inconformismo, a esta fuente inagotable de paciencia cuando se trata de conseguir algo que quiero, Allah me ha permitido arribar al faro con el que tantas veces soñé y que ahora, por fin, es de verdad mi único refugio (the coolness of my eyes), ése al que ansío volver tras una aburrida jornada de trabajo; tras una alegre charla con las amigas; tras una copiosa comida con la familia o tras una interesante conferencia.

Y es que ya lo dice el Corán, que Allah está con los pacientes; y desde luego conmigo así ha sido. También dice que éste no es el mundo perfecto ni lo será jamás porque no ha sido creado para ello, así que, lejos de dejarme vencer por el desaliento, sólo me queda seguir su dictado, su consejo, su mandato, y hacer el máximo bien en esta vida (sabiendo que nunca será suficiente para cambiar el destino de este mundo) para alcanzar el paraíso, el yanna, ese lugar cuyas características están fuera de todo lo imaginable por nuestra mente (por mucho que nos esforcemos) y que, in shaa Allah, no sólo tendrá las características de perfección que somos capaces de soñar en este instante sino muchísimas más que ni siquiera sospechamos.

Dentro de apenas cuatro días, in shaa Allah, comenzará el mes de Ramadán. Mes de ayuno, recogimiento, solidaridad y alegría por excelencia. Será el tercero para mi, el primero en familia, ¡¡masha Allah!!. Durante ese mes, se encadenan los demonios y no pueden hacernos ningún mal, luego todo lo malo que hagamos será única y exclusivamente fallo nuestro. Que Dios acepte nuestras súplicas, nuestro ayuno, nuestro esfuerzo, y nos recompense en esta vida y en la otra. Amén.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Coolness of my eyes!!!

AnóNemo