jueves, 27 de mayo de 2010

Inmigrantes fuera, que nos quitan el trabajo

Ésta es la frase más graciosa que he oído con más frecuencia últimamente. Ahora que aprietan las vacas flacas, y en vez de quejarnos de los políticos tan lamentables que pululan por nuestro país, nos dedicamos a ejercitar la filosofía de vida más barata que se puede compatibilizar con una buena sombra, unas chanclas y una bebida bien fría. Y es que, hasta hace cuatro días, nadie se preocupaba de la existencia de los inmigrantes, que no turistas, que llenaban nuestras calles realizando los trabajos menos agradables, esos que nadie quería: cuidador de ancianos, canguro, empleado del Mc Donald’s, mozo de almacén, vendedor puerta a puerta, teleoperador, cajero del supermercado... Trabajos desagradables y mal pagados que los españoles no queremos, ni siquiera aquellos que apenas terminaron la enseñanza básica. Sin embargo, ahora que la crisis arrecia con más fuerza de la que nos prometieron, cualquier cosa nos sirve, incluso aquella que antes despreciábamos. Basta darse un paseo por cualquier establecimiento de comida rápida para volver a encontrarse caras españolas entre el personal que te atiende, algo que había desaparecido casi por completo. Así que ahora que no hay suficiente para todos, nos afanamos en reclamar que “esa gente” retorne a sus países de origen porque “aquí no hay sitio para todos”. Pero a mi eso no me cuadra con los estudios socioeconómicos que señalan que, en los próximos 20 años, Europa necesitará unos 50 millones de inmigrantes y que sólo España necesitará 7 millones más para mantener nuestro sistema de pensiones. Sin embargo, no nos preocupamos de eso, ni siquiera creemos que sea cierto así que clamamos por una repatriación masiva de todos estos individuos que llenan nuestras calles de un color y una mezcolanza que no nos gusta, que nos asusta. Supongo que es nuestro momento de tomarnos la revancha por lo vivido en Francia y Alemania en la posguerra porque, total, a América Latina llegamos para ser los sheriffs. Definitivamente el hombre no aprende nunca; supongo que es más fácil volver a tropezar en la misma piedra.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Porque no damos más de sí

Definitivamente en España tenemos lo que nos merecemos y aún así no nos va tan mal como debiera. Dos años, nada menos que dos años de crisis y seguimos hundiéndonos. Los sindicatos siguen de vacaciones en el Caribe, el Gobierno sigue tomándonos el pelo y la oposición continúa aprovechándose de la situación pensando en las elecciones del año que viene. El problema es que, hasta entonces, ¡¡¡aún falta un año!!!
Nuestra situación en el contexto europeo se complica por momentos porque hace tiempo que, lejos de aportar, somos un gran lastre para el desarrollo de una Europa en la que sobran los parásitos. Sin embargo, ahí seguimos porque en este país no dimite nadie, ni siquiera por vergüenza torera. ¿y qué hacemos? El memo. Para variar. Tras años de escasos avances sociales, ahora se han recortado las ayudas: nada de cheque bebé, adiós a las ayudas para los dependientes –cuando la mayoría ni siquiera llegó a beneficiarse de ellas- y recorte salarial del funcionariado. Vale. Si hay que apretarse el cinturón, supongo que es lo que toca. PERO: ¿a qué viene ahora aprobar la presencia de intérpretes de todas las lenguas del Estado en las Cortes? Pero vamos a ver, ¿dónde está la cámara oculta? Resulta que los niños que nazcan a partir del 1 de enero ya no vendrán con un cheque bajo el brazo y ahora se adopta una medida que supondrá 8.000 euros de gasto por ciudadano. ¿qué pasa? ¿de repente, vascos, catalanes, valencianos, mallorquines y gallegos no entienden el español? Parece que en tiempos de crisis hasta nuestras neuronas se ponen en huelga. Sin embargo, lo fácil es echarle la culpa a los demás, porque ahora resulta que los inmigrantes nos quitan el trabajo. ¡Ja! Definitivamente somos tontos de remate.

lunes, 17 de mayo de 2010

Políticos güitos


Mi padre siempre dice que “no hay que serlo sino parecerlo”, a mi siempre me pareció una tontería eso de que las formas fueran tan determinantes, hasta que encendí la tele a las diez de esta noche. El todopoderoso Pepiño, el ministro de Fomento, el perro de presa de ZP, ha concedido su primera entrevista tras el recorte presupuestario al programa “La Noria” de Telecinco. Un infame producto de la caja tonta que cada semana entrevista a los protagonistas más bajos del papel cuché y que hoy se ha colgado una medalla al entrevistar a un ministro en activo. Al volver de una de las pausas publicitarias, el surrealismo ha alcanzado su cota máxima, no es sólo que entrevisten al ministro con una franja publicitaria inferior durante todo el programa sino que, además, se hacen concursos para los telespectadores con un par de bailarines en pelotas, todo ello mientras el ministro aguarda a que le pregunten de nuevo. ¡Es que esto es de broma! ¿Pero qué clase de gobierno tenemos? ¿Acaso tienen miedo de que les entreviste un periodista serio? ¡Cuánto tenemos que aprender de EEUU, Francia y Reino Unido! ¡Ellos sí que saben algo de hacer televisión! Pero no, nosotros a lo nuestro, a fomentar nuestra presencia en el vagón de cola junto a Italia, Portugal y Grecia. Total, como acaba de decir: “no somos una isla en mitad del océano” porque nos va igual de mal que a los tres mencionados. ¡Como si fuera un consuelo! Como a alguno de los jefes de Europa se le meta en la cabeza que no somos más que lastre, entonces, nos lucirá el pelo. Mientras tanto, espero ansiosa a que Anne Igartiburu entreviste a la ministra de Igualdad o a que los sindicalistas se mueran de la vergüenza por convocar una huelga más de un año y medio después de entrar en esta fatídica crisis de la que somos incapaces de salir. Total, todo puede pasar, porque en este país cuando uno llega a un sillón no se baja de él más que con los pies por delante.

lunes, 10 de mayo de 2010

Abusos regionales




Hoy iba a ser un día genial. Luce el sol, muestra de que se acerca el achicharrante verano, pero aún así tenía la firme intención de abandonar la nube negra y seguir adelante con mi vida con una perspectiva más alegre pero como dice un sabio dicho español, verás como viene alguien y te lo fastidia. Pues eso. Dicho y hecho. Estaba yo tan alegremente mirando los plazos de matrícula de la Escuela de Idiomas cuando... ¡oh sorpresa! No estamos en España, no, estamos en Cataluña. Así que, haciendo ABuso del traspaso de competencias en materia de Educación, se marcan una matrícula de 180 eurazos cuando en el resto del país, y en esto tengo un poco de experiencia, el coste es de 70 euros. Parece que todos estamos transferidos pero que, aún y todo, se respetan un poco los márgenes, ya se sabe por aquello de la solidaridad entre regiones, el acceso a la Educación para todos y esas palabrejas con las que se llenan la boca los políticos para luego seguir engañandonos como siempre. Ya sé que el coste es irrisorio para tener derecho a un año entero de clases pero, si el precio es 70 ¿por qué voy a tener que tirar mi dinero pagándoles el doble? La oferta de centros, teniendo en cuenta la ciudad en la que vivo, es absolutamente irrisoria. Ceuta ya tenía su propio centro y ¡sólo tiene 80.000 habitantes! Pero, en fin, supongo que son las ventajas de vivir en pleno cosmopolitismo catalán. Intenté poner una queja en la web de Educación de la Generalidad pero ¿para qué? El único idioma en que está escrito es en el suyo, como tengo que normalizarme, he decidido que mejor que mueran tontos, ¿para qué molestarse con quien no quiere nada con el resto del mundo? A veces creo que todos seríamos más felices si tuvieran la puñetera independencia para que la comieran a cucharadas. Menos pero más avenidos. En fin, supongo que tengo que dar gracias por vivir en una tierra tan sumamente acogedora y que proporciona tantas facilidades de integración: si quieres vivir con nosotros, olvídate de quién eres y sé uno de nosotros. ¿Qué más se puede pedir?

jueves, 6 de mayo de 2010

Gratos descubrimientos

Buceo un poco por el "cara libro", que dice Madus, y me encuentro con que el pitufo gruñón también tiene un blog. Aprovechando el poco lío que hay en el trabajo enredo un poco en sus entradas para ver qué es de su vida, que se cuece, para dejar de mirarme el ombligo. Supongo que no me sorprende comprobar que estamos todos igual de perdidos, que una vez que dejas la universidad tu mundo se tambalea y comienzas a ser dueño de tu destino. Suena bien, ¡oh sí!, pero en la práctica es todo tan confuso, tan difícil, tan terrorífico que son infinitas las veces en que estoy tentada de apartarme del camino, de dejar que mi vida sea la que avance sin mí, la que tome sus decisiones y, mientras yo, agazapada tras una gran roca en el camino, espere el momento de reincorporarme a un momento más fácil. La otra alternativa que se me ocurre es igual de valiente: correr a acurrucarme en el sofá junto a mi padre y esperar que sea él quien me diga lo que tengo que hacer, lo que es mejor para mí. Soluciones absurdas para un caos emocional, para una etapa de inestabilidad, que debo afrontar por mí misma. Sea como sea pero siempre avanzando y con paso bien firme. A veces creo que no voy a encontrar mi lugar nunca, que este inconformismo vikingo que me caracteriza es mi auténtica fuente de infelicidad pero... No, no es posible. Sólo los que somos inconformistas hacemos que el mundo avance, quién sabe hacia dónde, pero que avance. Sólo tengo que encontrar el sendero, mi propio yo me dirá cuándo debo parar, cuándo tengo lo que quería. No sé en qué punto de mi existencia decidí que el mundo era lo suficientemente grande como para no malgastarlo quedándome en el sitio que nací, escribiendo noticias sobre las fiestas de la patrona, los líos PSOE-PP y las movidas sindicales de la Sniace. Sin embargo, creo que esa inquietud ha sido la artífice de la vikinga que soy ahora, con todas mis virtudes y defectos. Mi inconformismo es galopante pero no constante. Viviendo en Madrid tenía claro que no quería pasar el resto de mi vida allí porque el coste de la vida es demasiado como para vivir en el centro teniendo una familia, sin embargo, me encontraba a gusto en la ciudad, tenía todo lo que necesitaba, a la gente que más quería. Ahora siento un poco que he vuelto al principio. Tengo una casa en la que ni vivo ni tengo intención de vivir. Resido en una ciudad que no me gusta, que no siento como mía, en la que no quiero quedarme. Tengo un trabajo genial que no me satisfará eternamente porque es demasiado específico, abarca un universo demasiado técnico que no me interesa lo suficiente como para pensar en detenerme definitivamente. Tengo una vida que no me gusta y que quiero cambiar sólo que mi eje no acaba de asentarse, es lógico el movimiento de traslación, hoy aquí, mañana allá, pero el de rotación se asemeja demasiado a una batidora, nunca está todo perfectamente batido, desmenuzado, triturado. Trato de hacer todos los cálculos posibles, de comunicarme con él en su propio lenguaje, el matemático, pero ahora incluso duda de la posición exacta de los meridianos y los paralelos, al fin y al cabo, se trata de líneas imaginarias ¿no? Cada vez entiendo mejor a Mafalda: "¡paren el mundo que me quiero bajar!".