Tenemos un olímpico jugando en Londres que se sale de lo normal. Tras su amplia sonrisa y sus 27 años se esconde una vocación religiosa que le llevará a colgar las botas y el stick después de esta olimpiada para dedicarse por entero al sacerdocio católico. Hacía tanto tiempo que no escuchaba una historia de este tipo que no puedo dejar de estar perpleja. Obviamente no por el hecho de que crea en Dios y sienta la fe con una intensidad que la mayoría no ha sentido nunca sino porque eso le llevará irremediablemente a apartarse del mundo. Peor sería si se tratase de una monja, recluida en un convento en la mayor parte de los casos. Pero ver que un chico joven, en los tiempos que corren, que es deportista de élite, opte por un camino tan complicado me hace volver a la infancia, a cada comienzo de curso en el que, a la hora de la comida, protestaba ante mis padres por el hecho de cursar religión: "Pero no quiero. Es que la religión es un rollo. No lo entiendo. ¿Cómo puede ser Jesús, padre, hijo y espíritu santo al mismo tiempo? Además, es muy triste que los curas no se puedan casar. ¡Nunca! ¡No tendrán hijos ni familia! Yo no quiero una religión que obliga a algo así". Mis padres asistían impasibles a mis cantinelas y me matriculaban, año tras año, en religión al tiempo que me decían que no hacía falta que le diera tantas vueltas a las cosas, que simplemente tenía que creer en Dios y no romperme la cabeza con cosas que no tenían explicación. Supongo que esas dudas quedaron siempre en el fondo del cajón a la espera de ser solventadas y es por eso que, al conocer con más detalle el Islam, encontré la lógica que me faltaba. Claro que entiendo que este chico tenga una vocación religiosa, lo que jamás comprenderé es que para ello tenga que renunciar a tener una familia y dejar el deporte y hacer una vida mucho más austera y retirada por seguir su vocación de ayudar a los demás. Nunca he creído que Dios pueda exigirle a ninguno de sus fieles semejante peaje como muestra de su amor. Somos humanos y estamos hechos para vivir en sociedad, para crear lazos, para formar familias. Dios nos hizo así. No puedo aceptar la postura de la Iglesia católica a este respecto. No tiene ningún fundamento.