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miércoles, 1 de noviembre de 2017

Cuentos del MI7

Lo bueno de Babelcube es que tú eliges lo que quieres traducir. Lo malo, que nunca sabes si vas a acertar, no solo desde una perspectiva comercial sino, sobre todo, desde el interés personal puro y duro. Como no sabes si vas a ganar algo de dinero o nada en absoluto, lo primordial es seleccionar un texto que pueda tener cierto interés para el público y sea susceptible de convertirse en un éxito editorial pero, sobre todo, que te agrade trabajar sobre él, que te enganche. De las obras que he traducido hasta el momento ha habido de todo, unas que me han decepcionado porque las expectativas eran muy altas, otras que me han resultado tediosas y agotadoras, otras demasiado sencillas y otras que me han enganchado como traductora pero también como lectora y de esta última es, precisamente, de la que quiero hablar hoy.

Bajo el atractivo título de "Cuentos del MI7" se esconde una serie de novelas policiacas y de intriga que tienen a los servicios de inteligencia británicos como hilo conductor. La colección comienza con "Nuestra mujer en Jamaica", la historia de una joven negra que es reclutada por el MI7 para realizar una misión de desestabilización política en la sombra en Jamaica y que cuenta con todos los obstáculos posibles para realizar su trabajo debido a su carácter y también a la xenofobia de algunos de los principales jefes de la organización. 
El autor, J.J. Ward, utiliza un lenguaje sencillo y ágil para atrapar al lector desde la primera línea. Con una profusión de detalles históricos y políticos muy rigurosa, es capaz de inventar una trama que, si bien no está probado que haya existido, bien podría haber tenido lugar. Haciéndose eco de rumores y suspicacias, teje una intrigante historia tan realista que el lector se plantea seriamente dar por buena la teoría conspiracionista del principal afectado: Michael Manley, el presidente de Jamaica depuesto en 1980.  
Acción, conspiración, espionaje y una protagonista dotada de valores como la lealtad inquebrantable, el honor y la justicia son los principales ingredientes de la primera novela de esta colección que promete enganchar a los lectores en las historias sucesivas.

La historia interminable



"¿Qué sois los seres de Fantasía? ¡Sueños, invenciones del reino de la poesía, personajes de una Historia Interminable! ¿Crees que eres real, hijito? Bueno, aquí, en tu mundo, lo eres. Pero, si atraviesas la Nada, no existirás ya. Habrás quedado desfigurado. Estarás en otro mundo. Allí no tenéis ningún parecido con vosotros mismos. Lleváis la ilusión y la ofuscación al mundo de los hombres. ¿Sabes, hijito, lo que pasará con todos los habitantes de la Ciudad de los Espectros que han saltado a la Nada?
[...] Se convertirán en desvaríos de la mente humana, imágenes del miedo cuando, en realidad, no hay nada que temer, deseos de cosas que enferman a los hombres, imágenes de la desesperación donde no hay razón para desesperar...
[...] Solo si creen que no existe Fantasía no se les ocurrirá visitaros. Y de eso depende todo, porque únicamente cuando no os conocen en vuestro verdadero aspecto puede hacerse con ellos cualquier cosa.
-Hacer con ellos... ¿qué?
-Todo lo que se quiere. Se tiene poder sobre ellos. Y nada da un poder mayor sobre los hombres que las mentiras. Porque esos hombres, hijito, viven de ideas. Y éstas pueden dirigir. Ese poder es el único que cuenta.
[...] En cuanto te llegue el turno de saltar a la Nada, serás también un servidor del poder, desfigurado y sin voluntad. Quién sabe para qué les servirás. Quizá, con tu ayuda, harán que los hombres compren lo que no necesitan, odien lo que no conocen, crean lo que les hace sumisos o duden de lo que podría salvarlos. Con vosotros, pequeños fantasios, se harán grandes negocios en el mundo de los hombres, se declararán guerras, se fundarán imperios mundiales...".



La historia interminable
Michael Ende
1979

miércoles, 2 de agosto de 2017

Reciclarse o morir

A veces, en la vida, uno echa la mirada atrás y piensa en las profesiones que imaginaba para sí mismo en la infancia y se ríe porque para nada encajan con su situación actual o con sus gustos de adulto. Sin embargo, otras veces, uno mantiene esos intereses que desarrolla más o menos en función del momento vital en el que se encuentre.
Cuando tuve que decidir qué carrera estudiar, mis opciones fueron cuatro: Historia, Derecho, Periodismo y Traducción. Las dos primeras eran mis soluciones de emergencia, las únicas que me gustaban en la universidad de mi provincia. Periodismo era la que más me tiraba en aquel momento y Traducción le seguía muy de cerca. Al final, convencí a mis padres de que enviarme fuera no era una locura así que estudié lo que quise y trabajé en ello durante once años. Después, aparqué mi profesión para desarrollar mi vida personal y, cuando quise volver al ruedo, me encontré con que mi empresa no tenía prisa por reincorporarme. Mientras tanto, y desde mucho tiempo antes, decidí explorar mi otra pasión: los idiomas. Comencé con cositas pequeñas como correctora de textos y poco a poco me fui adentrando en el mundo de la traducción de una forma más o menos profesional. 
Entre la decepción que ha provocado en mi una profesión, la de periodista, llena de intereses y engaños en la que el interés general apenas tiene relevancia; las dificultades para retornar a mi puesto y la maternidad y las prioridades que he establecido al respecto, trabajar como traductora freelance, desde mi casa y conforme a mis propios horarios, me pareció una opción de lo más tentadora.
Han sido varios los trabajos realizados, en distintos ámbitos e idiomas, pero los que más repercusión pública pueden tener son aquellos que ya están disponibles para el mercado global. Se trata de las traducciones literarias llevadas a cabo de la mano de Babelcube.
La experiencia ha sido estupenda y tengo ganas de repetir aunque el aspecto económico no entra en la ecuación pues el sistema de trabajo de esta editorial online es la de cobrar solo en función de las ventas, lo que puede llegar a ser una forma de trabajar gratis. Como los trabajos los eliges tú y todo queda claro desde el principio, no hay engaño posible aunque es verdad que te queda un sabor un poco agridulce cuando ves que te has esmerado una barbaridad en un proyecto que puede que no tenga ningún beneficio económico para ti. Sin embargo, nunca se sabe donde te puede salir un buen cliente así que....
Mi primer libro publicado ha sido de un autor de reconocidísimo prestigio: Antoine de Saint Exupéry. Piloto de guerra es un libro narrado en primera persona, real como la vida misma y, por esta misma razón, sobrecogedor en ciertos momentos en los que la lectura te sumerge en la dureza de la Segunda Guerra Mundial.

lunes, 21 de abril de 2014

Las hormigas astronautas


El trabajo en equipo es la base de la sociedad de las hormigas.
Es curioso como ya desde pequeños, nos configuran el pensamiento para aceptar, por un lado, que Dios existe, tal y como nos explican en la clase de religión, y, a la vez, que procedemos del mono según señala la teoría enunciada por Darwin hace 150 años y que sigue siendo una teoría incapaz de ser demostrada. Aprendemos bien la lección, la volcamos en los exámenes y luego, el resto de nuestra vida seguimos con esa doble visión del mundo (absolutamente incompatible) sin que nuestro cerebro haga cortocircuito.
Nos bombardean tanto con descubrimientos en Atapuerca, en África y en miles de sitios más, que terminamos por creernos una historia que no tiene ni pies ni cabeza ni ha podido ser demostrada nunca. La teoría de Darwin es tan cierta como si alguien hubiera enunciado una teoría de origen alienígena que tuviera aún interrogantes que no sabemos cómo resolver. Pero no importa. Nos alienan hasta tal punto que ni nos planteamos lo absurdo de este conocimiento, y mucho menos intentamos investigar por nuestra parte. Estamos demasiado ocupados perdiendo el tiempo en salir, comprar un coche, ir de vacaciones, estudiar o, simplemente, sobrevivir.
A veces, uno tiene la oportunidad de conocer otros pensamientos y la aprovecha para profundizar un poco, ver que le convence más y cambiar de perspectiva, aunque lo mejor es no gritarla a los cuatro vientos, no vaya a ser que te encierren.
Yo, lo siento, no acabo de comprender cómo de una misma célula se puede evolucionar en una variedad tan tremenda de especies y que luego cada una siga su curso como si nada y nadie se plantee que esto no tiene ni pies ni cabeza. Es como si de un mismo sobre de semillas de tomate salieran además lechugas, berenjenas y calabazas. No es posible. O alguien mezcló las semillas de estos vegetales en un mismo sobre o, simplemente, no es posible. De dos perros sale otro perro no un gato. Pero, en fin, Darwin ha tenido una publicidad mucho más efectiva que Dios. Será porque los beneficios económicos son mayores.
El caso es que hoy he comenzado la lectura de un libro llamado 'El milagro de la hormiga', escrito por un turco que desafía el darwinismo con el arma más poderosa que existe: Dios.

Interior de un hormiguero. Hay galerías para almacenar la
comida, para albergar a la reina, para poner los huevos...
Explica con detalle, y a la luz del Corán, la sofisticada organización de las hormigas, creando una sociedad perfecta en la que cada uno cumple su papel y esto hace que se creen hormigueros, se haga acopio de comida para toda la colonia y el grupo sobreviva porque, como siempre, es más fácil sobrevivir si trabajamos todos juntos que si cada uno va a lo suyo. Para nosotros, tan sumamente sofisticados e inteligentes, una hormiga es tan insignificante que no puede enseñarnos absolutamente nada. Por mucho que se explique que hay hormigas exploradoras encargadas de buscar nuevas ubicaciones para el hormiguero, que los hormigueros pueden tener una longitud de kilómetros bajo tierra, que se organizan en galerías, que otras hormigas son las que traen la comida que alimenta a todo el grupo y que, incluso, hay hormigas "porteras" que guardan la entrada del hormiguero para que no entre ningún extraño, por mucho que nos lo expliquen, nos sigue entrando la risa y pasamos del asunto.

En el centro, entre la vegetación, un hormiguero (Erongo, Namibia).
Pues bien, no sólo las hormigas tienen una sofisticación tal que sería la envidia de la sociedad humana si supiéramos cómo funciona, sino que este desarrollo, esta sincronía en los trabajos de la colonia (que tiene millones de miembros) no puede haber surgido de la nada, por generación espontánea. Eso es tan absurdo como decir que un grupo de personas, sin coordinación alguna, puede desempeñar la tarea que se proponga. Pues no. Del caos no surge el orden. Cuando no hay un director de orquesta, puede haber músicos capaces de acompasar sus sonidos pero habrá otros tantos que desafinen porque no entran en el momento adecuado. Sin embargo, nos gusta más el darwinismo ¿por qué? Porque no podemos soportar la idea de no ser dueños de nosotros mismos, de no saber qué hacemos aquí, de no poder hablar con Dios y escuchar su respuesta como escuchamos a la gente que nos rodea. Porque no nos gustan las reglas, ni los exámenes, porque queremos conseguir el paraíso haciendo lo que nos da la gana, sin dar explicaciones, sin trazar límites.
La realidad es que no somos tan libres como nos pensamos, ni tenemos un pensamiento tan original porque esa "originalidad" se parece sospechosamente a la originalidad de otros cientos de miles que se creen tan exclusivos como nosotros. Y lo somos. Exclusivos. No hay otro como nosotros, no hay dos idénticamente iguales. Hasta los gemelos idénticos tienen diferencias, aunque éstas sean sólo las huellas dactilares. El hecho es que somos únicos. Que Dios nos ha hecho diferentes entre nosotros pero que todos tenemos que someternos a las reglas del juego porque el "sistema" es mucho más poderoso que nosotros y aquí no hay Estrasburgo que valga para intentar cambiarlo. 
Teniendo todo esto en cuenta habrá quien siga pensando que no digo más que tonterías. La posibilidad de aumentar nuestro conocimiento siempre está ahí, así que sólo toca investigar un poco, a ver qué descubrimos.
Por lo pronto, yo he descubierto algo que no he visto en la prensa española: la NASA ha puesto a 800 hormigas en órbita para estudiar su sofisticada organización y cómo se adaptan a medios aparentemente "hostiles" para seguir trabajando en equipo. Con este sorprendente estudio, que será monitorizado en todo momento, los investigadores estadounidenses pretenden aplicar las técnicas de las hormigas en la tecnología espacial, creando así robots que actúen como las hormigas y que permitan obtener los mejores resultados en la exploración del espacio. Para el común de los mortales, lo de las hormigas es una tontería pero, aunque no nos lo cuenten, parece que estos bichitos no son tan primarios como nos creemos...

viernes, 8 de marzo de 2013

Rebelión en la granja

El año pasado leí "Rebelión en la Granja", todo un clásico de George Orwell que, hasta la fecha, no había tenido ocasión de leer. Me impactó la ilustración de la edición, a cargo de Ralph Steadman, con trazos fuertes, cargados de tinta, que transmiten la brutalidad de la historia. Recuerdo la lectura con motivo de un reportaje que vi hace unos días en televisión y es que la metáfora me viene que ni pintada. Se hablaba de un grupo que utiliza el nombre patrio de manera obscena, ensuciándolo, promoviendo el rechazo entre quienes antes se sentían orgullosos de escucharlo. Dicho colectivo, comandado por los animales que se creen los más listos de la granja, se aprovecha de la debilidad, de la necesidad, para comandar un nuevo orden social en el que el gallo, los pavos, los conejos, los cerdos y el gato organizan el trabajo de quienes más aportan al desarrollo de la granja: los caballos de tiro, el asno, las ovejas, las vacas, las gallinas ponedoras y el perro pastor. Está claro que cada uno aporta su grano de arena al devenir de la granja pero.... mientras que los primeros sirven para el engorde y el consumo o para cazar ratones o despertarse por las mañanas, los segundos aran la tierra, transportan las cargas, dan leche, lana, huevos y vigilan que el rebaño se mantenga siempre unido y, claro, no me negarán que su ausencia es más perjudicial para el desarrollo de la granja.... Bueno el caso es que un minúsculo grupo dentro de los primeros, que maldice su suerte por no haber nacido asno o caballo, consciente de su irrelevante papel dentro del reino animal, decide que, si no puede cambiar su naturaleza, lo que tiene que hacer es cambiar el orden social, hacer una sociedad a medida para sentirse menos fracasado. Para ello, manipula a los pollos y los conejos, preocupados hasta ahora sólo por comer y ver la vida pasar, y les hace ver que son las ovejas, venidas de Irlanda, o las vacas holandesas quienes hacen que no haya grano suficiente para los pollos castellanos y los conejos que trajimos de Flandes y que están perfectamente integrados y adaptados a nuestro clima. Al principio, la cosa no es más que un juego de niños, inofensivo aunque peligroso pero.... si se continúa por estos derroteros, puede que esta absurda rebelión se extienda a las granjas vecinas y vaya emponzoñando la apacible vida campestre. Lo absurdo del tema es que los cerdos ibéricos, empeñados en demostrar su pedigrí pata negra, han traído leones africanos y algún que otro vampiro de Transilvania para llevar a cabo su particular limpieza étnica. Además, se permiten el lujo de marginar a otros de su misma especie a los que tildan de "guarros" y les tratan con la misma brutalidad con la que, poco a poco, han ido desterrando a los que no se han plegado a sus excéntricas y despiadadas maquinaciones. Como el tuerto es el rey en el pais de los ciegos, el cerdo, que disfruta revolcándose en el estiércol y a veces sale a escondidas de la granja para rebuscar en la basura, estudia por las noches para aprender nuevas tácticas de manipulación mientras que por las mañanas se dedica a quemar todos los libros que encuentra mientras les grita a sus seguidores que el conocimiento está sobrevalorado.

"¡Fuera el pastor alemán, nuestro lince puede aprender a ladrar y dirigirá los rebaños!".
"¡Fuera la vaca holandesa, la cabra pirenaica también da buena leche!".
"¡Fuera las ovejas irlandesas, llevan siglos aquí y siguen sin hablar bien nuestro idioma!".
"¡Fuera el burro, incluso el de Mijas, tiene sangre africana!".
"¡Fuera el caballo, descendiente del moro!".
Y así, tópico a tópico, y haciendo uso del miedo a morir de inanición, los animales comienzan a dejar de cuestionarse si las órdenes son absurdas o no y delegan la responsabilidad de la granja en el cerdo, que dedica todo su tiempo a comer y dar órdenes sin descanso para evitar que el resto de animales se percaten del hecho de que las normas se modifican a conveniencia, no hay lealtades ni siquiera entre los miembros de una misma especie y, además, ya no son una granja sino una estabulación marchita y enajenada en la que un puñado de animales juegan a ser los reyes de la selva.

sábado, 27 de octubre de 2012

Los clandestinos


Acabo de terminar de leer "Bilal sur la route des clandestins", un relato real sobrecogedor de un periodista italiano que se adentra en África para recorrer en primera persona la ruta que lleva a los clandestinos que llegan a Libia para embarcar hacia Lampedusa. El texto se hace a menudo pesado, páginas y páginas en las que tan sólo hay descripción de sensaciones, olores, impresiones, sin que suceda nada. Sin embargo, es imprescindible para que el lector se aproxime ligeramente a lo que padecen quienes se embarcan en una aventura que, para muchos, termina con la muerte.
Justo esta semana, los servicios españoles de Salvamento Marítimo rescataron apenas a un cuarto del cargamento de una patera con vida. Otro cuarto fueron cadáveres y de la otra mitad no se sabe nada. Fueron alertados por un familiar que, alarmado tras no recibir noticias del desembarco, se temió lo peor. Una vez más, nuestros vecinos marroquíes echaron la vista a otro lado y se negaron a socorrer a unas personas al límite de sus fuerzas porque "no eran ciudadanos marroquíes ni viajaban bajo bandera marroquí". Así se las gasta el Moha, el emir de los creyentes. Subhana Allah. 
Pero dejemos a un lado la falta de compasión de las autoridades marroquíes y centrémonos en el drama de lo que está pasando. Años y años de pateras cargadas con decenas de personas que, en muchos casos, nunca han visto el mar. Muchos mueren por el camino, se ahogan en la travesía o perecen en el desierto, abandonados a su suerte tras un ataque de piratas del desierto, condenadas a la prostitución en oasis en Níger....
No puedo entender como alguien puede negar la existencia de Dios viendo semejante drama. ¿Acaso nosotros nos merecemos esta vida de pachás que tenemos? ¿Nos lo hemos ganado de alguna forma? ¿Ellos merecen morir de ese modo por el mero hecho de nacer en el continente equivocado? No lo creo. Sólo Dios sabe por qué las cosas suceden de este modo pero es imposible pensar que tras esta vida no hay nada. Que ésta es la única lotería posible. No puede ser. Toda esta gente embarcándose casi en canoas para cruzar el Estrecho y nosotros pensando que lo hacen por vicio (y yo aún recuerdo cómo me mareaba en los ferries que iban a Ceuta). ¿Ya está? No es posible. Ellos se embarcan con la esperanza de un futuro mejor y la certeza de que cualquier cosa que les suceda viene determinado por Dios, y nosotros nos quedamos en el sofá, lamentando las noticias de una nueva llegada masiva, intentando cerrar las fronteras y seguros al cien por cien de que Dios no existe y de que el azar y el esfuerzo personal es lo que hacen de nosotros lo que somos. Hay días en los que la nube no me deja ver el sol. Hay días en los que la indignación me puede hasta límites que ni sospecho, provocando la escritura de posts caóticos en los que tan sólo busco canalizar mi rabia, mi desesperación, mi tristeza. Ayer fue el día del cordero. Un día de compartir, de festejar, de hermandad. Pero falta aún tanto para lograr una verdadera hermandad, una verdadera preocupación por el prójimo... No pierdo la esperanza, no del todo. Y sigo tratando de aportar mi granito de arena pero hay días que lo veo todo tan negro....


jueves, 17 de noviembre de 2011

Si tú me olvidas

QUIERO que sepas una cosa.
Tú sabes cómo es esto:
si miro la luna de cristal,
la rama roja del lento otoño en mi ventana,
si toco junto al fuego la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.
Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.
Si de pronto me olvidas
no me busques, que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco
el viento de banderas que pasa por mi vida
y te decides a dejarme
a la orilla del corazón en que tengo raíces,
piensa que en ese día, a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces a buscar otra tierra.
Pero si cada día, cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas
estará en tus brazos sin salir de los míos.

(Pablo Neruda)

domingo, 19 de junio de 2011

Amor obnubilado

Estoy condenada a soñar eternamente con unos manjares que nunca me serán concedidos. Me aferro a lo inmaterial, a lo etéreo, a lo único que verdaderamente necesito y que constantemente se me escapa entre los dedos. Sólo te necesito a ti, oh Amor, pero tú, travieso chiquillo, juegas con mis ilusiones con la crueldad de quien contiene en sus manos el poder para cambiar el destino de cada corazón. Pero yo no soy como los otros, no merezco este desapasionamiento, ¿por qué me niegas aquello que concedes sin dudar a quienes menos reclaman tu presencia? ¡Oh Amor! Qué injusto eres! ¡Oh sentimiento aprisionador, captor de mis pensamientos! Si estoy condenada a no escapar de tu presencia, deja al menos, acampar a la inconsciencia. Que sólo el dulce sabor del olvido podrá liberarme del dolor de tu esencia. Si vas a escucharme por fin, déjame que te explique, como Benedetti, Lo que necesito de ti:


"No sabes como necesito tu voz;
necesito tus miradas
aquellas palabras que siempre me llenaban,
necesito tu paz interior;
necesito la luz de tus labios
!!! Ya no puedo... seguir así !!!
...Ya... No puedo
mi mente no quiere pensar
no puede pensar nada más que en ti.
Necesito la flor de tus manos
aquella paciencia de todos tus actos
con aquella justicia que me inspiras
para lo que siempre fue mi espina
mi fuente de vida se ha secado
con la fuerza del olvido...
me estoy quemando;
aquello que necesito ya lo he encontrado
pero aun !!!Te sigo extrañando!!! "

martes, 7 de junio de 2011

El descubrimiento de la poetisa

Navego sin rumbo fijo con las velas ondeando al viento, dejándome llevar por la corriente en una mañana de cielos semi cubiertos con el olor de la lluvia acechando. Me embarga una nostalgia infinita de un tiempo que aún está por llegar, que siquiera conozco aunque lo anhele con desesperación. Arribo a un puerto desconocido que, por un instante me hace olvidar mis emociones para sorprenderme por la belleza de una poesía que desconocía. Delmira Agustina murió asesinada a los 27 años pero aún tuvo tiempo de escribir maravillas como ésta, que lleva por título "La Musa":

"Yo la quiero cambiante, misteriosa y compleja;
Con dos ojos de abismo que se vuelvan fanales;
En su boca una fruta perfumada y bermeja
Que destile más miel que los rubios panales.
A veces nos asalte un aguijón de abeja:
Una raptos feroces a gestos imperiales
Y sorprenda en su risa el dolor de una queja;
¡En sus manos asombren caricias y puñales!
Y que vibre, y desmaye, y llore, y ruja, y cante,
Y sea águila, tigre, paloma en un instante.
Que el Universo quepa en sus ansias divinas;
Tenga una voz que hiele, que suspenda, que inflame,
Y una frente que erguida su corona reclame
De rosas, de diamantes, de estrellas o de espinas!"

lunes, 4 de abril de 2011

Quoting Shakespeare

"O Mistress mine, where are you roaming?
O, stay and hear; your true love's coming,
That can sing both high and low:
Trip no further, pretty sweeting;
Journeys end in lovers meeting,
Every wise man's son doth know.
What is love? 'Tis not hereafter;
Present mirth hath present laughter;
What's to come is still unsure:
In delay there lies not plenty;
Then, come kiss me, sweet and twenty,
Youth's a stuff will not endure”.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Tariq Ramadan, la voz del Islam en Occidente


Llega puntual a su cita ante una concurrencia de más de 200 personas. Más alto y delgado de lo que parece en televisión, camina con la cabeza baja, como si le abrumase el peso de todas las miradas. Se sienta con las piernas rectas y mi primera impresión es la de un pajarillo asustado, tímido. Craso error. El devenir de la tarde me enseñará que no es timidez sino humildad lo que sus gestos reflejan. Dice lo que piensa con firmeza y sin atisbo de duda pero, como él mismo reconoce, tiene una fatwa personal contra los aplausos. A lo largo de su intervención, se muestra como una persona afable, con un gran sentido del humor, capaz de intercalar las risas en un discurso apasionado y cargado de contenido.
Tariq Ramadan no es un orador cualquiera, es el musulmán europeo más influyente, un filósofo e islamólogo que, hasta la fecha, se ha revelado como el único capaz de hacer frente al monstruo mediático islamófobo. Sin mudar apenas la expresión ni alterarse ante las constantes críticas que recibe de sus detractores, que consideran que tiene un doble lenguaje del que no podemos fiarnos, es capaz de sacarle los colores a quienes intentan hacerle caer en una contradicción o hacerle enfadar tanto como para mostrar ese integrismo radical que, según ellos, esconde.
Su presencia en Barcelona responde a la presentación de su libro "Mi visión del Islam occidental", un tema muy controvertido, por lo que no es de extrañar que no quede ni un asiento libre en la sala. El discurso no tiene nada de novedoso para quienes lo siguen con asiduidad a través de su web o de las constantes intervenciones en la televisión francesa, donde muchos se han propuesto crucificarle, aunque todavía no han encontrado la manera de hacerlo. La principal idea que desgrana es que debemos dar por concluido el debate sobre la integración puesto que ya hay cuartas y quintas generaciones de inmigrados "que son tan británicos, franceses o españoles como los que nunca han salido de esos países". Considera que los musulmanes radicales sobre los que se informa en televisión constantemente representan al 0,8 % de la población musulmana mundial y que el deber de todos es “lograr que se hable de las cosas que funcionan porque TODOS tenemos un problema con el islamismo radical, no sólo los no musulmanes”.
Explica también que si bien los principios del Islam son inmutables donde quiera que se practiquen, la cultura en la que se desarrolla es diferente por lo que no hay que buscar ninguna contradicción entre el hecho de ser musulmán y sentirse europeo “porque simplemente no la hay”. Consciente de las preguntas que el Islam suscita entre los europeos no musulmanes, habla de la crisis “emocional” que atraviesan aquellos que desconfían y tienen prejuicios en torno a quienes profesan esta religión. Asegura que el miedo no es racional y que, precisamente por centrarse en el plano de las emociones, es fácilmente manipulable y más difícil de controlar puesto que exige un importante esfuerzo por ambas partes, la que juzga y la que es juzgada.
Afirma con rotundidad que no hay discusión posible en torno a la integración, que debería ser una etapa ya superada: “curiosamente, cuanto menos practicante es un musulmán, más alcohol bebe y más cerdo come, más integrado se le considera” - y prosigue: “creo que sólo debemos fijarnos en tres puntos: si la persona es leal al país, lo cual no quiere decir que tenga que estar de acuerdo con todas las atrocidades que cometa, como apoyar la guerra de Iraq; si conoce la lengua nativa y si respeta las leyes; a partir de ahí, sus prácticas religiosas o sus costumbres, siempre que no interfieran en la buena convivencia con la comunidad, son una cuestión personal que no debe ser empleada como arma arrojadiza”. Ahora se refiere a los disturbios en el extrarradio de París y a todos y cada uno de los conflictos sociales que afectan a la gente más pobre de las grandes ciudades y que los políticos se empeñan en disfrazar de conflictos religiosos cuando el problema es la falta de trabajo, de oportunidades y de justicia social.
Es consciente de los miedos que acechan a una población como la española que hasta los años 60 y 70 era muy homogénea pero aboga por una apertura real de miras para que la multiculturalidad, “que es difícil de gestionar”, no se convierta en un problema. “La cuestión es que hay mucha gente que vive en entornos cerrados y se considera abierta de miras, eso no es cierto, si vives en el mismo entorno toda tu vida, sin relacionarte con otra gente, no eres abierto, eres cerrado” y eso constituye un problema cuando es tu propio vecindario el que empieza a cambiar. A este respecto, soltó una frase para la reflexión “debemos ser cuidadosos porque las víctimas de ayer pueden ser los verdugos de hoy”. Y es que viendo como los españoles, que hemos sido un pueblo emigrante, nos comportamos ahora con los que llegan, parece que no le falta razón.
Para resumir su interesante ponencia me quedo con una frase muy elocuente: “no seas el objeto de percepción de los demás, sé el sujeto de tu propia historia”; y es que si algo caracteriza a este hombre es su rechazo al discurso victimista mediante la crítica constructiva con la intención de aunar esfuerzos para conseguir una mayor justicia social y una convivencia tranquila y enriquecedora para todos los miembros de la sociedad sin que el color de la piel o la religión constituyan un motivo de discriminación o rechazo.
No sé si todos se quedaron tan encantados con su intervención como yo, pero lo cierto es que reí y me emocioné al son de sus palabras que, como siempre, estuvieron llenas de sensatez y de cordura. En el turno de preguntas, eché de menos a un señor mayor asiduo de este tipo de conferencias sobre el Islam, que siempre toma la palabra en primer lugar para decir que tiene cientos de libros sobre el tema y sigue pensando que es una religión violenta y peligrosa. Sin embargo, su vacante fue ocupada por una mujer mayor que comenzó a echar pestes sobre la fallida integración de los inmigrantes en países de larga tradición de acogida como Alemania. Afortunadamente, fue la única persona de toda la sala que demostró haber llegado con los mismos prejuicios con los que se marcharía, después de haber ignorado por completo las palabras de este magnífico filósofo pacifista, europeo y musulmán.

miércoles, 26 de enero de 2011

El Islam no es lo que crees


Bajo este sugerente título se presentaba ayer un libro en Casa Asia. Esperando encontrar un discurso interesante y, después de haber escuchado algunos elogios hacia su autor, me acerqué al lugar señalado. Creo que nunca en mi vida había presenciado una presentación literaria tan poco elegante y tan vacía de contenido. Su autor, un musulmán converso, tuvo la osadía de decir que nadie (ni arabistas, ni traductores, ni conversos europeos, ¡ni tan siquiera Tariq Ramadan!) había sido capaz hasta ahora de "reflejar con pasión" lo que el Islam supone para la mayoría suní que la practica. Vamos, que en 1400 años de historia, él era el único capaz de captar la esencia de lo que es esta religión y, además, plasmarlo en un libro. Tanto es así, que se jactaba de no tener ninguna referencia bibliográfica, "porque ninguna merece la pena, ya sea de afamados musulmanes alemanes, franceses, saudíes, egipcios", y de que su libro no era sino una recopilación del sentir de los musulmanes de la calle, de quienes vivían apasionadamente su religión. No daba crédito. En algunos puntos estuve de acuerdo, como en el hecho de que la terminología teológica islámica está definida en base a la teología cristiana y, por lo tanto, es errónea puesto que dota de una dimensión similar a conceptos que nada tienen que ver. Pero, tener la caradura de decir que los libros escritos hasta ahora, excepto el suyo, no habían sabido transmitir la esencia del Islam, ni aunque sus autores fueran musulmanes, me pareció el colmo de la soberbia y de la falta de humildad, dos cualidades poco islámicas, por cierto. Con esta idea como eje, sus vanos y aburridos intentos por hacer que la gente comprendiese lo que es el Islam no sirvieron para nada. Todo un desperdicio para alguien capaz llenar una sala captando la atención de 150 no musulmanes.

miércoles, 12 de enero de 2011

El Secreto


Está claro que en esta vida uno no puede tomar decisiones basándose en el que dirán de la gente, haciendo caso omiso de lo que verdaderamente quiere o siente para que nadie lo tache de raro pero es que la cosa tiene tela. Estamos en un momento de la historia de Occidente en el que lo más cool es ser de izquierdas y laico, así que quienes no se encuentren en ese saco, mejor se guardan sus opiniones o sufrirán en sus carnes, cuanto menos, la estupefacción colectiva. Al mismo tiempo, proliferan nuevas ¿tendencias? ¿religiones? ¿espiritualidades? Realmente no sé qué nombre tienen pero lo cierto es que todo ciudadano que se precie debe practicar yoga o taichi, hacer meditación, creer en las energías cósmicas, decorar su casa conforme a los principios zen o leerse El Secreto, un panfleto insoportable que recopila inefables testimonios de telepredicadores del tres al cuarto. Creer en Dios no sólo no está de moda sino que es algo tan superado, como plantearse si la Tierra es plana, bueno, eso dicen. El problema, como siempre, es que cuando el mundo camina hacia un lado, yo siento la imperiosa necesidad de caminar justo en la dirección contraria. ¿Cómo es posible que haya tanto libro de autoayuda entre los bestsellers de la literatura actual? Realmente estamos más perdidos de lo que parece. Todos esos libros hacen especial hincapié en la individualidad. Pongamos que el fin es bueno, ser felices sin hacer daño a nadie, pero ¿y el medio? ¿es el adecuado? Este tipo de filosofías baratas no hacen sino fomentar el hedonismo, la satisfacción inmediata de los placeres sin esfuerzo alguno y ahí radica la clave del éxito de ventas. Pero, ¿por qué creemos que podemos ser felices si sonreímos todas las mañanas al vecino o al jefe y no podemos creer que fuimos creados y que estamos aquí porque Dios lo ha decidido así? Ya sé que es fácil creer que estamos solos en el universo, que nos hemos hecho a nosotros mismos y que no necesitamos a nadie pero esto se acerca peligrosamente al “divide y vencerás”. El problema es que no sabemos a quién nos enfrentamos y, mientras se muestra ante nosotros, consigue que creamos hasta en las cosas más peregrinas con tal de apartarnos de la religión. Porque, dicen muchos, la religión es manipulación y, digo yo, ¿acaso el consumismo exacerbado en el que nos encontramos inmersos no es una forma de manipularnos? Tener euros para gastar en cosas que no necesitamos obviamente no nos hace más felices (véanse las estadísticas de suicidios o, simplemente, de consumo de drogas y antidepresivos). Entonces, ¿por qué nos cuesta menos acercarnos a algo artificial y desconocido que profundizar en el conocimiento de una supuesta “mentira” que dura varios miles de años y nadie ha sido capaz de demostrar que es falsa? A veces no entiendo nada.

sábado, 19 de junio de 2010

Arte de autor

No sé por qué pero siempre me ha disgustado bastante todo aquello que lleva la etiqueta de "de autor". Supongo que porque, a mi juicio, detrás de ella se esconden genios pero también auténticos sinsentidos que nadie alcanza a comprender porque responden a una locura tan personal de sus creadores que resulta por tanto imposible captar la totalidad del mensaje que pretenden transmitir por mucho que traten de explicártelo. Me sucede con el arte de vanguardia, esas obras tan abstractas y, en ocasiones, escatológicas que no encajan en los parámetros que yo tengo en mi cabeza para considerar que estoy ante algo artístico, ante una genialidad que es, por definición, única e irrepetible. Con el cine es algo parecido. Hay directores que logran captar la atención de crítica y público y que a mí se me antojan auténticos tostones que me dejan con una enorme interrogación en la cabeza al concluir la cinta, esperando la llegada de unos minutos extra que resuelvan todas las incógnitas. Este friki finde que apenas acaba de comenzar me ha dejado esa sensación con dos títulos que nada tienen que ver entre sí: "Caótica Ana", de Julio Medem, y "Quemar después de leer", de los hermanos Cohen. Aunque en ambos casos he llegado hasta los créditos finales, me he quedado con la sensación de que estaba ante dos películas absurdas, caóticas e intrascendentes que ni siquiera me han resultado entretenidas. Sé que muchos no estarán de acuerdo conmigo porque se trata de directores con gran éxito pero, para mí, ninguna de las dos cintas merece ser vista. Pero no se trata de echar por tierra todo el rollito de autor, de aquel que va por unos derroteros al margen, cual niño pijo que se hace okupa, porque también hay autores de calidad que incluso yo soy capaz de reconocer. Uno de ellos murió hace apenas dos días: el gran José Saramago. Un escritor de extraordinaria calidad que me dejó totalmente boquiabierta con su "Ensayo sobre la ceguera", con esa formidable historia en la que, ante la ausencia total de normas por hallarnos en estado de excepción por una epidemia de ceguera súbita, el ser humano se presenta como un animal violento capaz de las mayores atrocidades cuando se ve amenazado y el miedo se convierte en su única guía para la supervivencia. Supongo que lo más dramático es el hecho de saber que no se trata tanto de una ficción como de una posibilidad. Lo que para Saramago tampoco debía ser ficción era la unión en un sólo estado de España y Portugal, la recuperación de Iberia. Está claro que ya nunca lo verá pero son bastantes los que piensan que también es una posibilidad. O tal vez sea sólo una utopía, una utopía de autor.